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El estudio consistió en un acercamiento realizado a través de una metodología cualitativa, comprensiva, basada en la teoría de las representaciones colectivas o sociales, tal como propone Durkheim (1937) y recogen Moscovici (1985) e Ibáñez (1979), entre otros. El supuesto es que en el habla se articularían dos niveles, el de la subjetividad y el de lo social, por lo cual las representaciones sociales –y las instituciones- quedarían inscritas en el lenguaje y, por lo mismo, vehiculizadas en la conversación. Nuestra intención fue reproducir la conversación social e individual y observar la perspectiva de los varones sobre la temática general de lo masculino.

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Soy un hombre de 40 años, de cultura angloeuropea. Empecé la vida en la clase trabajadora, pero no pude manejar la naturaleza, destructora del alma, del trabajo y los prospectos que esto involucraba. Así que me escapé de la sociedad y pasé a ser parte de ninguna clase en particular, convirtiéndome en una especie de "hippie". Fueron unos 15 años deconstantes rechazos por haber "fallado" como hombre y como ser humano.

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¿ Se cuestiona realmente el modelo de masculinidad?, por Manuel Tabernas.
Artículo aparecido en Revista Diagonal Septiembre-Octubre 2004

Se llama masculinidad a la actitud aprendida a lo largo del proceso de socialización previsto para varones. Uno se hace hombre porque cada cultura tiene mecanismos para impedir que los varones se alejen del modelo tradicional de masculinidad dominante.

Hay quien la define como el proceso de segregación de los niños del universo femenino y su adscripción a un estatus social adulto definido por el género. La variedad de rituales de socialización indican que tal “ iniciación “ no es natural.

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Durante varias décadas, Nicaragua ha aparecido en las noticias en íntima conexión con la violencia. Las insurrecciones contra la dictadura de Somoza a finales de los setenta, que culminaron en la Revolución Sandinista de 1979 y la guerra de agresión financiada por Estados Unidos, dejaron 100.000 muertos y descapacitados. Desde la firma de la paz en 1990 el país ha dejado de estar en guerra, pero la violencia no ha cesado. Todavía existen grupos armados en el Norte del país, las acciones de las pandillas, a menudo fuertemente armadas, han hecho de las ciudades un lugar peligroso, las protestas estudiantiles terminan hahitualmente en batallas campales con las fuerzas "anti-motines", y detrás de todo siguen existiendo altos niveles de violencia en el hogar (véase En Pie de Paz, no 42). Pero algo está empezando a moverse.

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